Qué hacer cuando un lugar que soñaste no te hace sentir lo que esperabas

Levanten la mano los que aún no han ido a París y piensan que es bonito, que hay modelos caminando por todos lados, o que ya escucharon la frase: “habla más español que inglés porque odian el inglés”.

A mí me pasó lo mismo; yo iba bajo esa premisa la primera vez que fui.

Debo confesar que la noche anterior a mi viaje me enfermé horrible; creo que ni siquiera dormí. Se me ocurrió la brillante idea de cenar cordero en un restaurante de Londres que no tenía muy buenas referencias…

Así que ya iba de malas y enferma. Llegué a la estación del metro más cercana al hotel y, al bajar, lo primero que encontré fue un grupo de vagabundos con muchísimos perros (ustedes y yo sabemos que amo a los perros, así que eso no me molestó en absoluto).

Seguí avanzando hasta el hotel, dejé mis cosas y me fui a la zona turística sin maletas. Recuerdo que fui hasta Trocadero y recorrí la zona de la Torre Eiffel.

Bajé por Trocadero hasta la base de la torre y, sí, me encontré a las personas que quieren que firmes peticiones de la UNESCO, la ONU, etc., y a quienes te quieren vender rosas o ponerte pulseras. Como iba sola, era más fácil que me rodearan o me acosaran.

¡Definitivamente fue incómodo! Terminé peleando con dos hombres que querían venderme sombrillas.

Después de ahí caminé hasta los Campos Elíseos, pasando por varios eventos con vagabundos. ¿Ustedes creen que yo amé París? ¡Definitivamente no!

Recuerdo que, cuando regresé a Londres con un pésimo sabor de boca, en mi mente prácticamente nada de lo que me habían contado estaba. ¡Me habían mentido!

Platicando con una amiga, mientras yo me quejaba amargamente de París, me dijo algo que me cayó como balde de agua fría:

“Claudia, París es hermoso; solo que viste con los ojos equivocados”.

Ahí comprendí que me había enfocado en lo malo, en lo molesto, en lo que no me gustaba, y no estaba viendo lo bonito: la arquitectura, la gente amable (que vaya que encontré) y el clima (que, si algo amo, son los días nublados).

Desde ese viaje decidí ver lo bueno de cada lugar, y créanme que todo cambió. He vuelto a París dos veces más y ahora estoy lista para hablarles de todo lo bueno que tiene, pero de eso les hablaré en otro momento.

Hoy solo quiero decirte que, cuando vayas a un nuevo lugar, ve lo bueno, disfrútalo y ¡toma muchas fotos!

Kauldy


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