Recuerdo la primera vez que viajé a la Ciudad de México, allá por los inicios de los 2000. Debo confesar que no era un lugar al que mis papás me hubieran llevado de niña.

Sí, viajé bastante cuando era pequeña, pero siempre a otros destinos. Mis papás me habían sembrado cierto miedo de ir a la ciudadl, principalmente por los famosos “temblores”. Sin embargo, en el 2001, por cuestiones de trabajo, tuve que ir… ¡y adivinen qué! Fue también la primera vez que me subí a un avión.
Iba sola, en mi fila del avión, y estaba aterrorizada. Sí, confieso que la primera vez me dio muchísimo miedo volar, pero al final lo superé. Aquel primer viaje fue exprés: prácticamente solo conocí el trayecto del hotel a la oficina. Solo un día recuerdo que un amigo me dijo: “¡Vamos al Zócalo!” ERROR… nos fuimos en metro, nos perdimos y, para rematar, terminé con una fractura en el tobillo derecho. 😅

La siguiente vez decidimos ir en coche con unas amigas. Fuimos a ver el Cirque du Soleil en Santa Fe. ¿Y saben qué? Era la época en la que existía el reality de Big Brother, así que aprovechamos para ir a gritar afuera de la casa… y sí, otra vez, solo conocí Santa Fe y el camino de regreso. Nos daba pavor manejar en la ciudad y todo se nos hacía lejísimos.
Años más tarde, por trabajo, tenía que ir una o dos veces al mes… y ahí empezó mi amor por la CDMX. 💛 Sí, todos saben que mi amor número uno es Nueva York, el dos es Londres, pero el tercer lugar en mi corazón es la Ciudad de México.
Me hospedaban en un hotel cerca del Monumento a la Revolución y, desde ahí, tenía que desplazarme hasta la zona de Indios Verdes, así que aprendí a moverme sola: usaba el metro y el Metrobús (¡soy fan!). Empecé a planearlo todo estratégicamente: cada vez que viajaba, me quedaba en un hotel diferente, siempre y cuando estuviera conectado con el Metrobús para facilitarme llegar al trabajo.

Después, cambié mi rutina: en lugar de regresar el viernes, movía mi vuelo al último del domingo. Así podía aprovechar el fin de semana para conocer otros lugares, visitar museos, pasear por Coyoacán o incluso volver a Santa Fe. Además, en ese tiempo mi mejor amigo vivía allá, así que también aprovechaba para verlo.
Con el tiempo, mi método se convirtió en una estrategia perfecta para conocer cada rincón posible de la ciudad. Hoy en día, casi siempre me hospedo cerca de Avenida Insurgentes… bueno, aunque debo confesar que ya tengo un hotel favorito (les cuento cuál más adelante 😉).
Creo que cada vez que voy encuentro algo nuevo que descubrir. Y no exagero si les digo que he viajado a la CDMX alrededor de 40 veces en mi vida. ¡Y todavía me falta muchísimo por conocer!

Definitivamente amo esta ciudad. Sí, me refiero a las zonas más concurridas, aunque también hay rincones menos conocidos que valen la pena. Para cerrar, les dejo algunos de mis lugares favoritos para comer, tomar café y disfrutar:
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☕ Mis recomendaciones favoritas en CDMX
• Café Nin — Calle Havre 73, a unos pasos de Avenida Insurgentes. Me encanta su ambiente y su panadería.
• Blend Station — Avenida Tamaulipas 60, Col. Condesa. Perfecto para trabajar, leer o simplemente disfrutar un café.
• Esquites frente al BBVA — En la esquina de la rotonda del Ahuehuete (antes Palma). ¡Son una delicia! Y ya que andan por ahí, no dejen de probar las tortas de tamal, en especial la de mole… soy fan absoluta.
• L’Ermitaño Pizzas — Calle Hamburgo 41, a un costado del Capsule Hostel (donde me he quedado varias veces).
• Hotel MX Condesa — Mi hotel favorito en la ciudad, aunque está en Roma Norte (sí, ya sé que Condesa y Roma están muy cerca, pero no es lo mismo 😉).
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En mi próximo post les voy a compartir algunas rutas de fin de semana para que aprovechen al máximo su visita a la Ciudad de México. 🚇✨